Luis Pastor: “la historia siempre la escriben los vencedores, y yo creo que no soy un vencedor”

 

Un marinero sin mar,
un extremeño en Madrid,
un árbol de Berzocana,
la flor de jara
de tu jardín.

Soy

f2e98768756785a1690c6b75c4b2e798Este año, el cantautor Luis Pastor presenta sus memorias, ¿Qué fue de los cantautores? Memorias en verso, publicadas por Capitán Swing y Nórdica. Lo curioso de estas memorias, frente a otras de grandes cantautores como Sonata de amigos de Benedicto, o Regular, gracias a Dios, de Labordeta, es que están completamente versificadas: arrancando desde su niñez en Berzocana, pasando por su militancia en la canción popular y en la poesía, hasta los años 80, cuando la industria del disco los dejó “aparcados”. Unas memorias muy interesantes y desde un planteamiento original, aunque no nuevo, escritas a veces desde la ironía, otras desde la ternura, pero siempre con honestidad; unas memorias que no son sólo las del cantante y poeta, sino las de toda una generación que se descubre en ellas. Son Fidelidad a sus orígenes, a su pasado, a sus raíces extremeñas y vallecanas, a su pueblo y barrio, a sus compañeros y a su familia… Una palabra que nos vino a la cabeza sin previo conocimiento de causa, salvo la de su disco y su canción.

Luis nos recibe en su casa y, con mirada franca y voz serena y envolvente, va respondiendo a cada una de nuestras preguntas con profusión de detalles.

1.- Unas memorias escritas en verso es una idea de lo más original, ¿cómo se te ocurrió hacerlas así?

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Ociópatas S.A.

Son casualidades y circunstancias que te llevan. Por un lado, el éxito del poema “¿Qué fue de los cantautores?” en estos siete años, sobre todo en este último, que se convierte otra vez en viral y son seis millones de descargas, me hace pensar que, si he sido capaz de sintetizar 40 ó 50 años de historia de este país en tres folios, por qué no intentar versificar mis memorias. Cierto es que me había planteado el año pasado sacar tres libros para celebrar los cuarenta años de mi disco Vallecas: un libro de poesías, un libro de letras de canciones y un libro de memorias con Antonio Gómez, el periodista que más sabe de los cantautores, que vivió aquellos años. Pasó el año y no hicimos nada; y las circunstancias de Navidad, que me corté el tendón y un dedo con un cuchillo jamonero y me escayolé. Y luego le regalé a mi hijo Pedro el Martín Fierro. Se juntó todo eso y creó el momento en que tiré de un arranque: la introducción salió de un golpe, sin ser en sextetos, sino en cuartetas, y luego me puse a escribir todos los días. Siento que ha sido un acierto, que el hecho de hacerlas en verso le da un valor diferente: la poesía tiene una fuerza que a lo mejor a la prosa le cuesta más trabajo: una definición, una capacidad de síntesis, de resumen, una capacidad, desde la propia poética, de ser dulce, tierna, agresiva, cortante… Fue un hallazgo.

Hay antecedentes: Violeta Parra escribió parte de su vida en décimas, y el mismo libro Martín Fierro es una historia versificada de la vida y cultura de los gauchos argentinos de La Pampa a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Yo estoy contento: nunca hubiera pensado que pudiera escribir mi vida en verso, no se me había pasado por la cabeza. Creo que, a veces, no eres tú el que piensa las cosas: están ahí y se te revelan; he estado atento y he sido capaz de tirar de un hilo bonito a la hora de escribir mi biografía. Siento que es una radiografía de muchos españoles de varias generaciones, de los que tenemos una edad, que vivimos la dictadura, el franquismo, el post-franquismo y la transición, que no es sólo mi vida: merecía la pena contarlo, en prosa o en verso, porque la historia siempre la escriben los vencedores, y yo creo que no soy un vencedor.

2.- ¿Hay gente que te dice que se ve reflejadas en ellas?

Pasa todos los días. Ya cuando leía sin avisar estos meses de atrás, antes del verano sobre todo, cuando lo estaba escribiendo y utilizaba mis conciertos como un laboratorio para leer 120 estrofas, hasta los 14 años, siempre venía gente a hablarme de que le estaba contando a él, que no me estaba contando a mí sólo. Y eso es verdad porque en la España que yo cuento, de los que nacimos en los 50, daba igual ser extremeño, andaluz, castellano, manchego, gallego…, éramos todos campesinos pobres y la mayoría emigrantes. Por tanto, creo que en ese retrato, sólo de esa época y de esa edad, la gente se siente identificada. Lo mismo cuando yo hablo de un recuerdo en mi aldea, en Berzocana: una naranja «gigante,/ tan redonda, tan brillante,/ como un sol entre las manos» que me echaron los Reyes Magos cuando tenía seis años: no se me olvida y lo recuerdo como lo más bonito que me ha pasado; no ha habido día en que yo recitara esa parte que no haya venido alguien a decirme “a mí también me regalaron una naranja”.

3.- Sobre el proceso de publicación, ¿se ha implicado mucho la editorial?

Estoy sorprendido del interés de Capitán Swing y Nórdica por mí. Luego me lo he explicado: los editores son dos hermanos, Diego y Daniel, y, en este libro la primera página dice: “Este libro está dedicado a nuestros padres Luisa y Ángel”; hay una relación cariño-memoria afectiva sentimental de ellos hacia mi persona a través de sus padres: posiblemente mi música ha estado presente en la infancia de estos dos editores y, la verdad, es que todo lo que me han dado han sido facilidades: un interés por mí que yo al principio no sabía por qué, cuando las casas de discos no tienen tanto interés por mi música; a nivel de poesía sí lo tienen los editores de libros: el año pasado edité De un tiempo de cerezas, mi primer libro de poemas, en una colección interesantísima. Estoy contento del cariño que han puesto en la edición cuidada de este libro y, sobre todo, en el cariño que yo veo que sienten. El otro día, cuando hicimos la presentación en el Teatro del Barrio, les miro, veo sus caras y veo la satisfacción de una deuda pagada a través de esa memoria que conservan de mis canciones y de una época de este país.

4.- Ya nos lo has dicho, pero ¿eran unas memorias que ya tenías pensado publicar o lo vislumbraste según las ibas escribiendo?

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Ociópatas S.A.

Cuando empiezo a hacer estas memorias en verso, las editoriales Capitán Swing y Nórdica llevaban un año persiguiéndome para entregar aquéllas en las que me había comprometido con el periodista Antonio Gómez y que ellos estaban esperando, llamándome cada tres meses preguntando qué pasaba con ellas. Al no hacerlo, desde el momento en que empiezo a escribir, sé que van a ser publicadas y que a los primeros a los que voy a enseñárselas van a ser a los chicos de Capitán Swing y de Nórdica. Entonces sé que las estoy escribiendo para publicarlas y descubro que las estoy escribiendo para ser leídas sobre todo, quizás por el éxito de “¿Qué fue de los cantautores?”. Es decir: tú estás en un bar que, a veces, no reúne las condiciones de silencio (aunque en mis conciertos siempre hay silencio), pero te das cuenta del silencio profundo que se produce cuando te pones a recitar y sólo existe la palabra; entonces, sin avisar a la gente, les metía 20 minutos de mis memorias y veía que iban a más el silencio y también los aplausos al acabar. Más que descubrir que iban a ser publicadas, descubrí que una idea bonita es ir a los lugares y espacios donde yo me muevo a lo largo del año por toda España, y recitar mis memorias: cantar una canción al principio y cuatro o cinco al final, pero que la propuesta se centrara en recitar estas memorias. Es posible que haya que quitar pajas, por tiempo: recitadas duran una hora y veinte minutos, y creo que es demasiado tiempo. La captación de atención de tres cuartos de hora sería lo ideal para una hora: es fácil resumirlas o quitar aquello que yo crea más personal, tenga menos importancia o retrate menos a los demás. Pero creo que lo que descubrí en ese mes de Diciembre, cuando yo empecé a escribir, fue que posiblemente era una propuesta para ser llevada a los escenarios.

[NB: el pasado 12 de Diciembre, Luis se arriesgó a leerlas enteras de un tirón en el Centro Cultural Lope de Vega de Entrevías: no se hizo nada pesado, muy al contrario: fue una velada muy agradable]

5.- Hablemos ahora de música: ¿siguen estando los cantautores?

Yo sí, desde luego. La verdad es que los tiempos de crisis siempre generan capacidades personales, críticas y posicionamientos, a veces ideológicos también; en este país ha habido una crisis en estos últimos diez años que está generando unos jóvenes que no ven futuro, que no ven salidas laborales, que ven una situación deteriorada en la economía que había sido normal en sus familias de clase media y que, de pronto, ya no es lo que era. Todo eso converge en esta generación de cantautores del siglo XXI: cada día salen más chavales y, sobre todo, chavalas con sus guitarras. Y, bueno, creo que este manifiesto mío para el siglo XXI, el poema “¿Qué fue de los cantautores?”, a veces puede ser asumido por los jóvenes cantautores que se ven otra vez en la necesidad de entender la poesía y la canción como una herramienta para transformar mentalidades, para luchar contra un sistema de pensamiento único, un sistema capitalista que conforma mentalidades y una forma de vida que no nos lleva a ningún sitio, sino a la autodestrucción del planeta posiblemente. Creo que son tiempos de reflexión, de reinventarnos, y el cantautor, como todos los músicos, está ahí abriéndose camino y creando. Yo creo que no mueren: los cantautores están aquí y hay relevo; también otras formas musicales, que no tienen que ser “cantautor”, que se manifiestan y se proyectan desde el lado más crítico y más de denuncia de alguna manera.

6.- ¿Hay algo que añores de los viejos tiempos?

Yo de los viejos tiempos no añoro nada. Quizás añoro la posibilidad de futuro que intuíamos, de utopías y de sueños de aquellos años de mi juventud. Hoy día es muy difícil creer en un futuro, en utopías, sueños y revoluciones. Es difícil: la izquierda hemos perdido, por el mundo ha triunfado el capitalismo más depredador, salvaje y asesino, y no hay alternativa de otro modelo social, salvo pequeñas colectividades que se plantean salirse del sistema. Pero creo que está todo por hacer, todo por reinventar, y la humanidad tiene que saber de la capacidad del ser humano para transformar la realidad y el rumbo de su propio destino. No sé qué va a pasar ni cómo es el futuro: sé que la vida va más deprisa cada día y que lo que cuenta es el ahora y el presente, pero un presente sin memoria nos lleva a no proyectarnos hacia el futuro; por eso hay que recordar a veces quiénes somos, de dónde venimos, cuál es nuestra historia, cuáles son nuestros valores y lo que nos movió a creer en cosas positivas para la humanidad: es bueno recordarlo y, sobre todo, que los jóvenes sepan también: que no frivolicemos con la política al igualar una dictadura a una democracia: no es lo mismo; con todas las limitaciones de la democracia, y aunque esa democracia tenga a veces tintes dictatoriales y se agarre a sus leyes para impedir la expresión de todo tipo de manifestaciones colectivas e individuales, es verdad que a veces frivolizamos por desconocimiento: aquellos que hemos vivido la dictadura sabemos que hay un abismo y un mundo diferente, y que no es lo mismo una cosa que otra para nada.

7.- Y musicalmente, ¿qué echas a faltar?

Por un lado, la Canción Popular era un movimiento; no éramos sólo individualidades, como es ahora: éramos un movimiento a veces organizado, con manifiestos propios de cada Autonomía: el movimiento de la canción Voces Ceibes en Galicia, la Nova Cançó en Cataluña, Canción del Pueblo en Madrid y Manifiesto Canción del Sur en Andalucía. Éramos un colectivo con una fuerza y una clarividencia que hoy es difícil tener: en aquel tiempo todo era blanco o negro, y era muy fácil saber dónde estaban tus objetivos y contra quién disparaban tus poesías. Hoy día todo eso está diluido, es más difícil; pero, posiblemente, en esas diferencias de realidad social, al final el oficio del creador es el mismo: un papel en blanco y la propia personalidad, la propia intuición y la propia capacidad de cada uno de nosotros para transmitir nuestras emociones y sentimientos en poesía. Eso sigue existiendo y es la misma realidad; otra cosa son los condicionantes sociales. Es verdad que, hacerse un nombre y hacer historia en aquellos años, era más fácil que en éstos porque éramos menos, no teníamos las redes sociales y todo era blanco o negro, como dije. Hoy en día todo es más complicado y más difícil.

8.- ¿Crees que aportaste algo a la sociedad, musical o socialmente?

Yo creo que sí, que yo y más compañeros desde la militancia en la canción fuimos capaces de abrir ventanas a muchos jóvenes de nuestra generación a la lectura, a la toma de conciencia, a la sensibilidad, a la poesía, a la capacidad de análisis, a la capacidad crítica, al cambio de mentalidades y hacer que la vida de muchos jóvenes fuera diferente a la que el sistema quería. Creo que aportamos muchas cosas, que rescatamos a los poetas prohibidos y perseguidos, fuimos solidarios en muchos frentes y compartimos el sueño y las utopías, o el camino hacia ellas. Ése fue nuestro bagaje y nuestro valor: en ese camino realmente vivimos, siendo jóvenes, casi el socialismo: el ser todos iguales, el compartir, la generosidad, la solidaridad, el altruismo… Con eso es con lo que me quedo de aquellos años, y ésa fue nuestra universidad de vida: lo que nos hizo ser las personas que somos.

9.- Un test musical: ¿con cuál te quedas: Bob Dylan o Leonard Cohen?

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Ociópatas S.A.

Con Bob Dylan, por edad y por memoria. Nosotros le oíamos con 16 ó 17 años, pero a la vez incluyéndolo en el movimiento de la Canción Popular mundial, y Bob Dylan era un referente para muchos, hasta que se hizo rockero para algunos de nosotros: esa sencillez en la armónica y en la guitarra acústica, y en las raíces de donde partían sus composiciones; aunque yo no entendía las letras, tuvo más presencia en mi vida que Leonard Cohen. Yo creo que son dos personajes paralelos, siendo uno canadiense y el otro estadounidense, pero que influyen y viven de alguna forma todo ese momento de transformación y de rebeldía de una juventud hippie de los años 60, y de la música como motor de cambio. Todo eso trascendía a los jóvenes a los que nos llegaba con cuentagotas todo ese mundo, porque aquí no había libertad para vivir aquello.

10.- “Fidelidad” es el nombre de tu primer LP y de la canción que hiciste sobre un poema: ¿es una palabra que podría definirte?

Pienso que sí, que si algo me define es ser fiel a mis orígenes, a mi vida, a mi memoria, a mis principios, a mi manera de ser persona y de comportarme en la vida. “Fidelidad” es un poema de Blas de Otero, y es un poema sobre la guerra civil y la España más fratricida en un lenguaje y unas palabras duras. Pero más allá del contenido poético y del propio poema, siento que Fidelidad, que no salió en el año 72 y que salió luego en el año 75, lo asumí como un reto personal más allá del propio poema y del propio Blas de Otero.

11.- Una canción, tuya o de otro, que te defina.

“Soy”: soy yo, mi biografía, también la de muchos españoles, pero evidentemente “Soy” es la canción que más me define de todas las que he hecho. Viene además la letra en la solapa de este libro. Las memorias, o parte de las memorias de mi niñez, son también ese poema: la letra de la canción y el poema de De un tiempo de cerezas; esa radiografía de los niños de la escuela pública del franquismo, de la leche en polvo, queso amarillo, el maestro represivo, el pupitre, la pizarra, el tintero y el mundo de tus padres campesinos de aldea.

12.- ¿Quieres añadir algo más, un saludo o cualquier cosa?

Un saludo a la gente de Getafe: sé que, como Vallecas, es un sitio hecho por emigrantes, por la gente de mi generación y por nuestros padres, y sé que estas memorias tendrían que ser leídas en todos los barrios obreros de Madrid. Me encantaría poder leerlas en algún teatrito de Getafe, que hace mucho tiempo que no voy por allí.


Luis Pastor: ¿Qué fue de los cantautores? Memorias en verso (Capitán Swing/ Nórdica, 2017).

Crónica del recitado del pasado 5 de diciembre en Entrevías, por Cris: http://nuevocronica.es/el-cantautor-luis-pastor-publica-el-poemario-que-fue-de-los-cantautores-memorias-en-verso-40888

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